Una de las posibles estrategias para combatir
el efecto de los gases de invernadero es secuestrarlos y almacenarlos. La idea
es capturar, por ejemplo, el CO2 emitido por las plantas generadoras
de electricidad a carbón y depositarlo en espacios subterráneos.
Y, según un nuevo estudio, en los acuíferos salinos de Estados Unidos
podría almacenarse el dióxido de carbono emitido por plantas a carbón durante
al menos un siglo.
La investigación fue dirigida por Rubén Juanes, profesor de Estudios
Energéticos en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del Instituto de
Tecnología de Massachussetts,Massachussetts Institute of Technology,
MIT. "No lograremos responder al desafío del cambio climático a menos que
encontremos una solución para el CO2 liberado por esas plantas a
carbón", le dijo Juanes a BBC Mundo. "Combatir el cambio climático
requiere muchas estrategias diferentes, incluyendo el desarrollo de energías
más limpias. Pero el carbón sigue siendo un problema muy presente, porque es
una fuente de energía muy barata y abundante", agregó.
Según el estudio, las plantas generadoras de electricidad en base a
carbón emiten cerca del 40% de las emisiones globales de CO2.
CO2 atrapado
“Ya existen tecnologías comercialmente viables para separar y capturar
el CO2 del gas emitido por las plantas generadoras", le dijo el
profesor Juanes a BBC Mundo.
Según Juanes, "no lograremos responder al desafío del cambio
climático a menos que encontremos una solución para el CO2 liberado por plantas
a carbón".
Generalmente el CO2 se adhiere a algún material filtrador y luego es
liberado, comprimido, transportado e inyectado en un depósito subterráneo.
El experto del MIT explicó que si bien el dióxido de carbono podría
almacenarse en diferentes formaciones geológicas, como depósitos ya explotados
y ahora vacíos de petróleo y gas, los acuíferos salinos ofrecen un espacio
potencialmente mucho mayor.
Los acuíferos salinos profundos son abundantes. "Consisten en capas
de roca que contienen agua de alta salinidad en sus poros. Pensemos en algo
similar a una esponja, pero con poros diminutos", explicó Juanes a BBC
Mundo.
"Uno de los puntos más importantes es que estos acuíferos están a
una profundidad considerable, de entre uno y tres kilómetros, de forma que se
encuentran en condiciones de alta presión. El CO2 sería inyectado como un gas
muy denso, en condiciones denominadas supercríticas".
"Otra ventaja de este tipo de acuíferos es que contienen agua
varias veces más salina que el agua de mar, por lo que estas formaciones
geológicas jamás serían utilizadas para obtener agua potable. Es importante
buscar acuíferos que tengan una capa superior de roca de baja permeabilidad
para prevenir que, en lugar de quedar atrapado, el CO2 suba", explicó.
Bajo riesgo
BBC Mundo preguntó al profesor Juanes qué riesgos existen de que el
dióxido de carbono pueda escapar.
El CO2, en gris, sería inyectado a entre uno y tres
kilómetros de profundidad, bajo una capa de roca. Imagen: gentileza Rubén
Juanes
"Inicialmente, el CO2 supercrítico que es inyectado es
móvil, es decir que tiende a moverse hacia arriba bajo la capa de roca del
acuífero. Sin embargo, al migrar hacia arriba, hay dos mecanismos diferentes
que aseguran que el gas quede atrapado".
"El primero es el mecanismo de capilaridad. El CO2 deja
una columna de burbujas de gas que quedan atrapadas en los espacios porosos por
capilaridad. Estas burbujas son completamente inmóviles y lentamente se
disolverán en el agua salada" señaló Juanes.
"El segundo mecanismo es la solubilidad del CO2, lo que
ocurre en la interfaz entre el CO2 y el agua salada. Cuando el CO2
se disuelve en el agua, la mezcla se vuelve densa, por lo que este líquido rico
en CO2 tiende a descender. Una vez que todo el CO2 está atrapado por
capilaridad o disolución, es estable y no escapará".
Para el profesor Juanes, el secuestro y almacenamiento de CO2
puede jugar un papel fundamental para combatir las emisiones de dióxido de carbono
de las plantas de energía en el futuro.
"En mi opinión, es poco probable que los sistemas de energía
cambien radicalmente a corto plazo, por lo que es imperativo que la tecnología
abra el camino hacia soluciones energéticas con emisiones bajas de carbono".
"El pasaje a economías de bajo carbono puede tomar tiempo y durante
ese período el secuestro y almacenamiento de dióxido de carbono puede jugar un
papel importante en la reducción de emisiones. Esto sólo sucederá si los costos
de emitir CO2 se internalizan para que las empresas tengan el
incentivo económico de secuestrar CO2 y existe además una política
más amplia para facilitar la implementación de esta tecnología a gran
escala".
El estudio fue publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Estados
Unidos, Proceedings of the National Academy of Sciences, PNAS.
FUENTE: Alejandra Martins
Miércoles, 21 de marzo de 2012


